[Por favor, visitad el flickr de Carlos Cazurro. Tiene unas magníficas fotos.]
El Teatro del Silencio. Sentí lo máximo.
Que me revuelvan las tripas con imágenes, gritos, expresión contenida y llorada, que me llegue el olor de la inmundicia humana con el lenguaje de la danza, la interpretación; que me pongan la piel de gallina al mostrarme lo más terrible del hombre: las guerras, el capitalismo, la muerte, la soledad; que denuncien, que provoquen, que exciten, que ataquen, que insinúen... que el hombre puede ser nuestro mayor enemigo, que puede ser el ser más cruel y más bello al mismo tiempo. Que me conmueva una imagen desnuda, un abrazo entre el barro y el olor a quemado, a muerte, a suciedad y a estiércol. Hay quien se va, quien no soporta el espejo. Yo me quedo y disfruto de mi propia mierda, de la suya y de la de todos, y disfruto porque veo la sinceridad y la dignidad, a pesar de todo, de lo feo. La belleza de lo feo. Y me dejo llevar por los caminos incómodos, porque también son bellos. Son bellos porque son nuestros.


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