miércoles, 29 de agosto de 2007

5.ª Muestra de circo, teatro y música “A pie de calle” (Lavapiés/La Latina)


Del 7 al 15 de agosto tuvo lugar de nuevo este acontecimiento urbano.

La Asociación Cultural Nuevas Tendencias junto con Lo Máximo organizaron como cada año una muestra del panorama callejero internacional de circo, teatro, música y, por primera vez, danza.

La popular zona de Lavapiés y La Latina vistió sus calles de algo más que cañas, minis, vinitos y tapas. Quien lo vive y lo frecuenta sabe de su tan nombrada multiculturalidad, su mezcla de ambientes y gentes. Pero este barrio madrileño es mucho más que todo eso. Es un perfecto enclave en el que se concentran la tradición, el Madrid más costumbrista, la modernidad y, sobre todo, la iniciativa de nuevas tendencias culturales. Esta muestra es un buen reflejo de ello. Como ellos mismos dicen, impasibles al desaliento, a base de positivismo y buen humor, consiguen, a pesar de las trabas del Ayuntamiento y con ninguna ayuda más que la de la energía, el entusiasmo y el bolsillo de los bares de la zona y de ellos mismos, que la cultura callejera tome entidad. Ellos hacen de Madrid un lugar abierto al ciudadano, el cual participa de los espectáculos, la música, el baile y la bebida de las barras. Las emblemáticas calles son arte y diversión, una diversión que transmiten ellos los primeros, los organizadores. Las sonrisas y predisposición a todo, de nombres como Elena o Malena, dedicación y entrega para que todo salga bien y como los artistas desean, etc. son la primera puerta que quien en esta muestra participa ve abierta y tras la cual sólo hay confianza, ganas y generosidad.

Números de teatro-circo de Francia (Scénes de Meninges) o del mismo Madrid, la Niña Terremoto, pasando por los grandes La Mano Jueves, que hicieron del mundo laboral un mundo de personajes tiernos y realmente divertidos (Jose-profesor de tenis me subió al escenario y entre vergüenzas y carcajadas me encandiló), o el Payaso Incandescente nos hicieron reír sentados sobre los adoquines de representativas calles como Olivar o Lavapiés, del 7 al 10 de agosto.

A partir del sábado 11 nos trasladamos a la plaza de los Carros. La música de la Cornelius Big Band, las acrobacias estéticas de Chimichurri o la salada Circonchita son sólo una muestra. Venían de Málaga, Italia, Extremadura o Argentina. Venían para seguir engalanando las calles de arte y gracia. Y por primera vez, y esperemos que este nuevo plato en el menú de “A pie de calle” se repita todos los años, hubo danza contemporánea (Fugapiés -nosotros-). Quienes participamos en este número no sólo vivimos este festival mientras duraba la actuación. El festival se saboreaba desde el momento en que se ponen en contacto contigo, y después allí cuando te consultan sobre la instalación de los medios escénicos. Están a tu disposición, a disposición de tu arte.

Te das a un público diverso, un público joven, pero también mayor, también un público al que le llegan los números a su lugar de reposo, porque siempre se sienta en esa plaza a beber vino desde hace años, un público más entrenado en las artes del consumismo o un público extranjero, o aquel que baja a hacer recados y se encuentra contigo. Todo esto consigue “A pie de calle”. Consigue meterse en las callejuelas y los edificios más antiguos, en las plazas de mayor solera y acercar a la gente a la verdadera diversión. La diversión de descubrir lo nuevo e inesperado en tu querido barrio.

Quienes lo vivimos desde un lado u otro de la escena sentimos la indignación de que este proyecto no tenga el apoyo merecido, pero, al mismo tiempo, la alegría de que se sostenga, y de esta manera tan digna y hermosa, gracias a la colaboración y participación de tanta gente que cree en el arte, pero que ante todo cree en el barrio.

Y, sí, allí estuvimos y bailamos y quedó bonito y gustó y lo disfrutamos...

martes, 28 de agosto de 2007

Shahar Dor. Filosofía necesaria


Conocimos a Shahar en julio, en el Ponderosa Tanzland Festival (Alemania). En este festival formativo de danza contemporánea, este multidisciplinar israelí nos ofreció su visión del mundo creativo en el curso de Solo Improvisational Performance.

Hombre pausado, de habla calma y profunda, transmitía con la palabra en qué consiste expresar. Se trata de trabajar desde dentro, escuchándonos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo y sus alrededores. Cuando nos escuchamos surge la sincera creatividad. Cuando creamos, ampliamos el vocabulario de nuestro cuerpo y nuestra presencia se vuelve contundente porque nos la creemos. No basta la técnica. Cualquier artista escénico puede agarrarse a ella y dejar de lado la voluntad de hacerse preguntas, explorar y transformar su mente. Su enseñanza y trabajos están basados en la creación de una imagen espontánea, a través de la cual se puede expresar el humor, la sensibilidad y la libertad del funcionamiento espontáneo de los aspectos comunicativos. A partir de esa imagen o gesto se puede crear una acción y esa acción provoca una experiencia, la que siente el artista y la que al mismo tiempo recibe el público.

A través de la intuición podemos crear un espacio dinámico en el que el movimiento resulte algo no visto y un tiempo en el que puedan ocurrir todas las historias imprevistas.

Las intenciones artísticas se perciben en el momento del acto porque son sinceras y veraces, porque nacen del silencio del corazón del artista que medita y siente.

Shahar ofrece una filosofía del performer, aparentemente complicada, pero cuando habla sugiere y transmite con sencillez ese ambiente propicio para la creación y la transmisión de imágenes sinceras.

Todo artista que se ofrece ante un público se está abriendo y entregando. Pero no sólo entrega su técnica aprendida y ensayada, sino que debe tener presente el camino de la expresión. Un artista debe tener confianza en su base técnica y profundizar en estas otras fases de la creación para así sentir en escena y, por tanto, hacer sentir al espectador algo más de lo que acostumbra a ver.

Podemos buscar e indagar en nosotros mismos y con esa confianza darnos con generosidad y dejarnos llevar por nuestras expresiones más profundas.

Tal vez tengamos la posibilidad algún día de que Shahar nos transmita con sus propias palabras y ejercicios las propuestas de este camino de indagación. Cualquier artista, cualquier bailarín, cualquier actor sabría aprovecharlo, disfrutarlo y aprender de ello para que sus creaciones se vieran enriquecidas al máximo.


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