martes, 28 de agosto de 2007

Shahar Dor. Filosofía necesaria


Conocimos a Shahar en julio, en el Ponderosa Tanzland Festival (Alemania). En este festival formativo de danza contemporánea, este multidisciplinar israelí nos ofreció su visión del mundo creativo en el curso de Solo Improvisational Performance.

Hombre pausado, de habla calma y profunda, transmitía con la palabra en qué consiste expresar. Se trata de trabajar desde dentro, escuchándonos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo y sus alrededores. Cuando nos escuchamos surge la sincera creatividad. Cuando creamos, ampliamos el vocabulario de nuestro cuerpo y nuestra presencia se vuelve contundente porque nos la creemos. No basta la técnica. Cualquier artista escénico puede agarrarse a ella y dejar de lado la voluntad de hacerse preguntas, explorar y transformar su mente. Su enseñanza y trabajos están basados en la creación de una imagen espontánea, a través de la cual se puede expresar el humor, la sensibilidad y la libertad del funcionamiento espontáneo de los aspectos comunicativos. A partir de esa imagen o gesto se puede crear una acción y esa acción provoca una experiencia, la que siente el artista y la que al mismo tiempo recibe el público.

A través de la intuición podemos crear un espacio dinámico en el que el movimiento resulte algo no visto y un tiempo en el que puedan ocurrir todas las historias imprevistas.

Las intenciones artísticas se perciben en el momento del acto porque son sinceras y veraces, porque nacen del silencio del corazón del artista que medita y siente.

Shahar ofrece una filosofía del performer, aparentemente complicada, pero cuando habla sugiere y transmite con sencillez ese ambiente propicio para la creación y la transmisión de imágenes sinceras.

Todo artista que se ofrece ante un público se está abriendo y entregando. Pero no sólo entrega su técnica aprendida y ensayada, sino que debe tener presente el camino de la expresión. Un artista debe tener confianza en su base técnica y profundizar en estas otras fases de la creación para así sentir en escena y, por tanto, hacer sentir al espectador algo más de lo que acostumbra a ver.

Podemos buscar e indagar en nosotros mismos y con esa confianza darnos con generosidad y dejarnos llevar por nuestras expresiones más profundas.

Tal vez tengamos la posibilidad algún día de que Shahar nos transmita con sus propias palabras y ejercicios las propuestas de este camino de indagación. Cualquier artista, cualquier bailarín, cualquier actor sabría aprovecharlo, disfrutarlo y aprender de ello para que sus creaciones se vieran enriquecidas al máximo.


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