jueves, 20 de noviembre de 2008

Les Slovaks (2)


No hablé en su momento del Festival Internacional de Deltebre. Y no hablé porque vine conmocionada, porque habría necesitado tiempo para meditar, para saborear y entender el potente poso que dejó en mí aquella experiencia. Y no lo tuve, tuve que agarrar las riendas de la vida diaria a la fuerza, y se quedó aparcado.
Al ver a estos tres grandes maestros y bailarines en su espectáculo, y tras haber visto las fotos que Roberto Oliván ha colgado en facebook del Festival (de donde he cogido las que aquí aparecen), he recobrado el regustillo a DANZA con mayúsculas.
La maestría de sus clases tal vez radicaba más en verlos a ellos, en ver su técnica, su personal movimiento, su velocidad de ejecución, la complicidad que entre carpa y carpa veíamos que tenían entre sí. Hombres aparentemente distantes, sonrientes pero algo fríos, exigentes con su danza llena de propuestas hasta entonces jamás vistas por mí. Eran perfectos en las ejecuciones de las coreografías de sus clases, y nosotros, la mayoría, no alcanzábamos en su totalidad ese nivel, pero lo disfrutábamos por lo que tenían de reto, porque nos llevaban por caminos nuevos. Tono, ese animal, era y es muy rápido y limpio, Peter, pequeño, es suave, cae al suelo en silencio, excesivo e increíble silencio. Es blando porque se adapta a todo, al cuerpo, al suelo, al aire... Pero con líneas siempre presentes. Martin, que nos propuso unas lecciones de improvisación, es paz, es calma bella, es sensaciones. Nos invitaba a regodearnos en los momentos que se crean en la improvisación, a hacerlos grandes y técnicos.
Son energía pura, son desplazamiento continuo, son abundantes cuerpos, porque es increíble cómo consiguen mover todos los puntos del cuerpo. Ves que todo el cuerpo está activo, todo: los dedos, los hombros, la cadera, los pies, todo, absolutamente todo entra en acción.
Son hombres de acción, la acción-reacción que surge a partir de una tensión muy amada. Se les nota, den clase o interpreten en la escena, que su pasión es natural porque casi han nacido con ella, pero no por eso se dejan llevar por algo conocido, sino que siguen atrapándola y disfrutándola porque viven danzando o danzan viviendo. La expresión más lógica de lo que tiene que ser un bailarín: sentir la danza como la vida misma, con energía, saltando obstáculos con valentía, poniendo lucha y fuerza a todo, siendo pasional sin olvidar la cabeza y los centros, los equilibrios...
La técnica aprendida, como supimos en escuelas de dura disciplina, ya está en ellos a un nivel casi perfecto, con veintitantos años nada más como tienen. Ahora, y desde hace tiempo, sólo tienen que dejar que fluya, sólo tienen que mostrar esa unión natural que se produce entre lo absolutamente asimilado e interiorizado y la pasión que nunca se debe dejar de agarrar con tensión. Y ahora además lo elevan a mayores potencias con esa unión comunicativa que han creado con Les Slovaks.
Me pregunto cómo serán sus vidas. Como cuando lees un libro y sientes que el autor transmite enseñanzas y filosofías reales y sabias de la vida, piensas si su vida será así de sincera, pienso si, de acuerdo con mi idea de que mucho de como danzamos en realidad vivimos, vivirán pasionalmente a la vez que equilibrados. Posiblemente no, posiblemente como cuando conocemos a un genio artista nos sorprende su vida. Y me da igual, es una duda que me surge pocas veces y que además tras la duda de un segundo, luego la aparco, porque las biografías de los grandes suelen darme igual, suele darme igual cómo vivan, cómo se enfrenten a la vida, porque para mí ya se están enfrentando a ella de una forma muy real, con pasión y sinceridad. Y lo muestran danzando con todo, la cabeza y el sentimiento.

martes, 18 de noviembre de 2008

Les Slovaks


Estaba nerviosa, íbamos a ver a Tono, Peter y Martin, junto a sus compañeros. Fueron nuestros profesores en el Taller Internacional de Danza de Deltebre. Nos habían sorprendido sus clases, pero esta pieza nos dejó sin palabras incluso cuando fuimos a darles la enhorabuena...


Les Slovaks Dance Collective
Opening Night, 14, 15 y 16 de noviembre

De Eslovaquia al Teatro Pradillo, la amistad y la historia. Se criaron y estudiaron juntos danza desde niños. Separaron sus carreras para formar parte de las compañías más importantes de danza contemporánea del mundo (Rosas, Última Vez, Larbi Cherkaoui, Akram Khan o Roberto Oliván, entre otros). Y en 2005 decidieron volver a sus raíces y potenciarlas con la comunicación de esta danza hermanada.

Opening Night es la muestra de esa amistad y del deseo de recoger su tradición con las manos y el cuerpo madurados por la danza que han experimentado. Una pieza valiente por improvisada, hermosa por sus pautas, humorística por los personajes que crea lo imprevisto, sorprendente por el perfecto dominio técnico, llena de cuerpos que expanden sus alrededores con líneas inusuales y un centro que les permite hacer de sí mismos seres con el máximo movimiento posible. Animales de tierra y aire o animalillos juguetones se comprenden y hacen reír con quites y gestos cargados de complicidad y libertad escénica. Son bestias que dominan la velocidad y la pausa. Y un violinista, de increíble habilidad, embellece, folclórico y sutil, junto a la iluminación. Son una masa viva que late en armonías espaciales, se transporta, pero que vive de seres individuales a pesar de esa unión, seres de distinta factura, que suben, bajan, crean niveles y planos, inundan rápidos el escenario, para invadir nuestra visión con todos los cuerpos, con toda la complicidad de sus miembros, y siempre en abundancia viva.

Y así mantienen a un público pendiente de una hora de improvisación. Porque son grandes y completos bailarines. Los cinco regalan dibujos de su cultura, su emoción y su amistad y la hacen latir expresiva con la vida acompasada de la diferencia en un conjunto cercano, intenso y vivo.

domingo, 26 de octubre de 2008

El colmo de la improvisación



Ayer viví en primera persona qué puede ser el colmo de la improvisación. Y como lo viví, como participé en ello, todo lo que aquí puedo decir tiene un toque subjetivo y sentimental. Cuando vea vídeos podré decir algo más.

Artistas que no se conocían antes, músicas, efectos, proyecciones que no sabíamos cómo serían. Allí nos dimos cita todos, en la Pradillo, cada uno con su historia personal y artística detrás. Nos vimos las caras, dos besos y poco más. Compartimos camerino... y a escena. Ya dije que no sabíamos qué podía salir de ello. Podía ser un desastre o podía ser, como mínimo, curioso e interesante. Un laboratorio, en cualquier caso, del que aprender, con el que experimentar, conocernos a nosotros mismos, saber qué puede salir de la sorpresa, de lo inmediato, qué le puede llegar a un público conocedor de este tipo de performances y a otro que está al margen completamente de ello.

Partiendo del principio claro de no esperar nada, de no buscar alcanzar cotas muy elevadas, de asumir las limitaciones o los riesgos de algo así, sólo podíamos salir al escenario queriendo disfrutarlo, y con los sentidos abiertos, muy abiertos. A partir de ahí, lo que surgiera dependía de todos, no de uno sólo, dependía de la energía que creara cada grupo con sus participantes y sus creaciones espontáneas. Dependía de esa apertura de mente, la que debíamos poner los que allí nos plantábamos y la que tenía que tener el público. Unas mentes blancas, en general, libres y sensitivas.
La idea, pues, o así lo entiendo yo, debía ser alcanzar una unión a través de la escucha y la comunicación entre las distintas disciplinas. No debían sobresalir egos, no debían dominar unas cosas sobre otras. Aunque esto es siempre difícil. Alguien me ha comentado que inevitablemente, aunque se consiguiera esa unidad, había alguien que llevaba el hilo en cada pieza. Sí, tal vez sea inevitable o necesario. Si el resto de los componentes sabían adaptarse a los guiños que les daban los demás, y sacar de ahí una "historia", una respuesta, estaríamos llegando a ese diálogo. Si cada uno establecía un monólogo, dejaríamos fuera al público, para empezar, y le quitaríamos la potencialidad que este proyecto tenía.
Pero, claro, es difícil. Tus ojos, tus oídos, tus brazos, cuerpo, respiración, tu cabeza y sensaciones... Demasiados elementos alerta, demasiadas cosas a las que prestar atención. Pero cuando estaba allí sentía un gran placer al descubrir o captar un guiño de mi músico, al ser consciente de él. Porque era una pauta a la que agarrarme, me estaba tendiendo una mano, y si la sabía coger y él sabía seguir escuchándome y me contestaba, estábamos agarrándonos el uno al otro, sosteniéndonos en la improvisación, por lo tanto el vértigo era menor porque te sentías acompañado.
En mi parte tal vez pudo parecer que el peso recaía sobre mí. No quisiera esa visión de protagonismo, porque no era una pieza o una improvisación de danza. A un lado estaba David Aladro-Vico y de fondo las proyecciones de Philipp Contag-Lada. Philipp no pudo asistir, por lo que la escena quedó para la música, la proyección sin Philipp y para mí. David estaba en penumbra, pero estaba. Sin él el avión no me habría asustado, no me habría convertido en un muñeco, no habría caminado sin rumbo o no me habría detenido en sus silencios. Dialogamos o así lo sentí yo. Y dialogamos de nuevas. Es como cuando conoces a alguien por primera vez y no sólo te habla de a qué se dedica, dónde vive o qué hace en su vida, sino que te cuenta algo más allá sobre sí mismo, y tú abres los ojos y los oídos y le escuchas atentamente. Asientes con la cabeza, preguntas por algo que te interesa más, comentas e incluso intercambias una opinión sobre sus visiones. Así lo viví yo. Seguramente debería haber ido más lejos, deberíamos haber llegado más lejos en esas conversaciones en vivo y artísticas. Pero sin prepararlo, sin conocer ni yo su música ni él mi movimiento o el vídeo, dialogando con lenguajes distintos que no conocíamos conseguimos hablar uno común; el de las energías, o no sé cómo llamarlo. Un lenguaje común puede ser el de las miradas, el de los gestos, el de traspasar códigos y entenderse con las sensaciones.

[Fotografía de Sandra Fernández]
Tampoco sé muy bien qué percibió el público. Sé que gustaron unas partes más que otras, que se quedaban con guiños, imágenes, posturas, momentos. Sé que estas "modernidades" son difíciles para la gente, que a veces no comprenden o simplemente no les transmiten nada. Pero había momentos, y es en eso en lo que consistía el evento de ayer, en el momento, en captar el momento. Lo debíamos captar, agarrar los participantes, y el público, más inteligente de lo que presuponemos, es capaz también de pillar al vuelo los momentos que la inmediatez le da. Sé que si no les llegaron algunas piezas fue porque había algún ego que despuntaba o porque cada uno, demasiado asentado en ese "colmo de la improvisación", no fue más allá y se quedó en sí mismo. Una pena porque en esos casos no lo disfrutaron ni ellos ni el público, observador aparentemente pasivo, pero que en actos como éstos se vuelve de un inteligente activo que asusta.


El colmo de la improvisación, por tanto, para mí es tener que hablar un lenguaje común con gente de la que no conoces su trabajo, hacerlo sobre un escenario, con un público y no en tu casa entre colegas, con una limitación de tiempo, con otras limitaciones que surgirán del momento por lo inesperado de la idea. Es el colmo de la improvisación, es el colmo de tirarse al vacío, arriesgar y creer en ello. Y, como digo siempre, si te das sincero en todo las cosas salen. Si crees en un proyecto, te mostrarás con esa sinceridad y lo que salga de ahí puede gustar más o menos pero es sincero.
No buscamos que guste a todo el mundo, bueno, cada uno supongo que buscará algo distinto, es inevitable, pero no buscamos una aprobación general, sino un sentirse bien en escena, en ese vértigo. Si te sientes bien en escena, algo le tiene que llegar al público. Pero, ojo, en este caso era sentirse bien en escena en conjunto y no uno mismo, sino sentirse bien gracias a que hay otros elementos que están contigo y que forman un todo, nunca con la idea de ser el protagonista.

Y tengo que dar la enhorabuena a los participantes, porque todos nos hemos tirado por este barranco del que no veíamos el final de la caída, y, sobre todo, a Berta y David por habernos dado esta gran oportunidad de estar ahí, pero de estar con ellos y no solos. Así lo he vivido yo, he sentido que estaba con ellos, que era una parte más de la idea.
Berta y David se han trabajado muchísimo este ciclo, con dificultades técnicas, de intendencia, incluso físicas. Han puesto todos sus recuersos a flote y solos, prácticamente solos, han difundido, promocionado, proyectado, contactado con los participantes, han conseguido sacar adelante un ciclo que la escena contemporánea necesita tener en sus carteles. Y me han dado la oportunidad de estar ahí. He tenido el gran privilegio de compartir ese espacio, esa idea, esas sensaciones con ellos, aunque me hubiera gustado estar más presente. Pero... en la vida existe otro colmo de la improvisación, el de la vida misma, en la que nos vemos obligados a "resolver", como dicen los cubanos, para sacar adelante nuestra otra vida, y, por eso, tal vez porque no puedo implicarme más, tanto como me gustaría, en proyectos como éstos, los disfruto y exprimo al máximo.
Espero poder seguir teniendo la posibilidad de improvisar la vida y el arte como hasta ahora, porque gracias a ello la "vidilla" que todo ello me proporciona me hace disfrutarlo todo casi al límite.


Gracias y muchos besos sin improvisar, besos premeditados.

viernes, 24 de octubre de 2008

Recordatorio

Recuerdo que mañana estaremos en la sesión de improvisación del festival Zona Híbrida, en la sala Pradillo a partir de las 20:30. Las entradas pueden conseguirse en Atrápalo y en Entradas.com.

jueves, 23 de octubre de 2008

Poesía

He retomado un librito de poesía de juventud de un antiguo profesor mío, del que mucho aprendí y con cuyas clases más disfruté, Francisco Javier Ávila. En su poesía juega mucho con el lenguaje, con las palabras, se las inventa, como juega con las imágenes, las de las ciudades, la gente y los sentimientos y los cuerpos. Sus palabras bailan también:

Mira sus dedos,
mide si de algo más. Palpa sus sueños
de acción,
la pesadilla misma de su país
conoce con los labios
la inmensa longitud del círculo, pregunta
si no habrá entretenido el curvo rumbo, quiere
que sepan bien dónde tienes los pies y a dónde ladra,
quiere,
que sepan que este baile no es más que un alfiler,
que es casi tanto lujo como una dentellada,
que este giro
tarda mu-
ere y
llega.

viernes, 17 de octubre de 2008

Las cosas que bailan en mi cabeza




Hacen plié y demiplié, giran, se desplazan por la mente, dan grandes zancadas, adelantan a las otras, saltan, se quiebran, se levantan... Las ideas hacen improvisaciones en mi cabeza.
Porque ¿en qué momento estamos?, ¿en qué momento están? Veamos los giros y vaivenes de mi mente...

La dichosa situación económico-laboral, el dichoso momento actual, con sus miedos, sus valentías, sus vueltas de tuerca. Ahí, mis ideas van saltando unas sobre otras, para dar grandes pasos, pero se frenan porque tienen inseguridades, porque además no saben estarse quietas ni sumisas al estado actual de las cosas, a como nos vienen dadas. Ellas, estas ideas prácticas, ocupan la mayor parte del tiempo su despliegue en el espacio vital hoy día.
La danza. Busco reabrirle hueco entre las anteriores, busco que se deje iluminar, con ese rayito en su plexo solar, entre las otras más serias, más adultas. Pero el cuerpo "está tonto". Ya puedes haberlo machacado hace unos meses que el pobre, como le des una pausa, se atonta, parece que se olvida de todo. No se olvida, pero hay que despertarlo, recobrar los centros, las posiciones, las manos, que no se mueran en las líneas. Que el cuerpo sabe, sí sabe, ha aprendido, pero se ha dormido e invadido un tiempo por las necesidades del momento, las prácticas, se ha olvidado de los movimientos que antes salían solos y más bellos. Ahí estamos, dándole su lugar con las clases.
Y los proyectos: vaya, para los proyectos dancísticos y laborales también necesitamos un hueco. Y queremos crear, crear ideas, crear ganas, estar en movimiento continuo, y nos falta el tiempo, nos falta porque al final hay que comer, y, por tanto, trabajar, coger el metro, pagar impuestos... Pero sí, hay ideas, hay ganas de invadir la calle, de danzarla, de promocionar la danza, de escribirla...
Pero somos un todo al final, y las ideas que se frenan por inseguridades propias del pragmatismo necesario invaden las otras partes de la mente que se dedican a lo más creativo, a la danza. Y es que no están en compartimentos estancos, nunca tenemos habitaciones para cada cosa de la vida. Si tenemos una puerta abierta e iluminada, su luz llegará a las demás estancias, sin embargo, si está cerrada, da igual que tengamos terraza o pasillo grande, porque su luz nunca llegará a esos otros espacios en los que creíamos tener a salvo las cosas que nos dan alegría, que nos dan vida.
Y en ésas estamos, intentando abrir puertas, intentando que nos llegue la luz por las rendijas de abajo de los dormitorios de la mente. Intentando que en esos días en los que no llueve sobre nuestras cabezas cojamos un embudo que absorba la iluminación y la conduzcamos al resto de la cabeza, del cuerpo, del sentimiento. Intentando sacar la luz de las rendijas, de entre los barrotes, y exprimir los rayitos que se cuelan un día sí, tres no.
Qué simpleza la mía, cierto, esto lo vivimos todos, pasamos días malos, días peores, y casi todos por lo mismo. Y además algunos contamos con la ventaja de tener más dormitorios que los demás, dormitorios en los que bailamos-vivimos, pero precisamente por eso, porque tenemos más que inundar, más que abarcar, y porque el cuerpo es el dueño de esas otras habitaciones, algunas cosas se nos escapan a nuestro control.
Porque lo que no se nos escapa a nuestro control porque no depende de nosotros, se nos escapa porque sí depende. Por tanto, siempre estamos atrapados, en un ir y venir, en un paso adelante, paso atrás, en un giro a medio dar, en un salto sin todo el impulso, en una caída poco amortiguada, en un release poco relajado, en un desplazarnos poco, en un cansarnos en ese esfuerzo... atrapados en nosotros mismos, cabeza-cuerpo, interior-exterior, movimiento hacia fuera y hacia dentro, avanzar-retroceder, crecer-menguar... Atrapados sin salida, sin la salida aparente, pero con la salida que no creemos ver.

Ahí, buscando los vericuetos de las salidas traseras, por donde se cuela la luz, de nuestra mente.

Rendijas con luz:


- Proyecto invasión danza







- Iniciativa Teatro Pradillo, Zona Híbrida


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jueves, 9 de octubre de 2008

Pisando Ovos

Me gustan. Pisando Ovos me gusta.

Ayer vi su última pieza, 30.000, y me gustó.
Sólo quería decir eso. Ya diré más y mejor.

Este vídeo no pertenece a la pieza de ayer, pero...
también me gusta.