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jueves, 5 de julio de 2007

Ô Cirque


Ayer estuve en el Circo Price viendo Le vent était de la triche, de la compañía Ô Cirque.

Mi ignorancia sobre el mundo del circo impide que pueda hacer una crítica sólida. Puedo hablar de impresiones y de lo típico del "me gusta, no me gusta".

Un espectáculo ecuestre. Empezamos mal. Los caballos son bellos por definición. Son los animales que mejor reflejan la fuerza y la elegancia, pero sobre todo la libertad. Y ahí surge el conflicto. Un protagonista que no puede serlo, la libertad y la belleza como protagonistas en un espacio tan limitado. Me creó angustia verlos correr. Cuando corrían rápido se me aceleraba el corazón porque sentía un momento de placer interrumpido. Quería que esa galopada se produjera en el campo, en libertad.
Bailaban, saludaban, se coordinaban, se sabían la coreografía. Realmente, un portento de la enseñanza. Pero el animal no está hecho para que se le adoctrine en las formas humanas. No me llegaba porque no era natural, porque se cae desde el principio al saber que un animal nunca haría lo que hace el hombre. Que un animal no puede transmitir belleza así porque su belleza se define por la libertad con la que se mueve. Porque un caballo retoza en el suelo voluntariamente y no porque lo indique un látigo y horas de entrenamiento.

Me gustó la puesta en escena. El ambiente era cercano. Los acróbatas y participantes seguían en escena con su papel, en un entorno que recreaba el mundo del circo, con su caravana y todo. Una actitud buscada que sí le daba peso al espectáculo.
Por supuesto, nada que decir con respecto a las posibilidades físicas de los acróbatas. Increíble que alguien baile y salte a lomos de un caballo que galopa, sin sujeción. Del todo increíble. Pero de nuevo miraba a los ojos del caballo y veía que él tenía que estar ahí porque tenía que estar, no le quedaba otra.

Me gustó la música en directo, la "jefa", la iluminación y la cercanía.
Me gustaron los caballos, por ser caballos. Al final se le perdona al espectáculo todo lo que le quita a la esencia de los mismos, porque a pesar de todo son caballos y son exageradamente hermosos.

Me gustó ver el espectáculo, porque desconozco el mundo del circo, porque de pequeña nunca me atrajeron los payasos, los elefantes y demás animales sometidos, las estructuras típicas de circo en las que se suceden escenas sin conexión... No he tenido una infancia de circo.

Este espectáculo se acerca a otro tipo de circo, más artístico, más cuidado, más contemporáneo.
Pero faltan pasos.

En cuanto a la danza que allí se veía, busca el espectáculo, no la conexión, no el sentimiento. Y se ven coreografías llenas de saltos, sin pausas, porque existe la idea de llenar el tiempo y el espacio del mayor número de cosas sorprendentes, cuando, como sabemos, a veces lo llamativo no está en la cantidad sino en la calidad y en lo bien dosificado.

Conocer algo más del mundo del espectáculo. Me quedo con eso.
Y me quedo con la sensación de haber visto la belleza, pero no en estado puro, sino una belleza triste. La belleza bajo el punto de vista del ser humano, que no acepta que la verdadera belleza se encuentra en lo natural, y, en este caso, en la libertad en la naturaleza.

sábado, 30 de junio de 2007

Veranos de la Villa

De nuevo, la plaza de Colón se convierte en un espacio para la danza que podemos visitar. El Centro Cultural de la Villa también acogerá espectáculos, pero no me interesa referirme a ellos. No por que no merezcan la pena, que puede que sí, sino porque el esquema de representaciones de ese tipo en un teatro como ése, a unos precios como aquéllos, con un aforo casi vacío y un público específico no me interesa. Me interesa más la sección Descubriendo la Danza. Danza en las cuatro esquinas de Colón. Este año no encuentro cosas que me atraigan del todo, pero ir a ver danza en la calle, en una plaza como ésa, ya es algo que de por sí puede ser provechoso.
Sí me llama Rayo Malayo y Losdedae, que además tendrán lugar cuando ya esté de vuelta de Alemania.
COMPAÑÍA ALBADULAKE
Malaje - 28 de junio
COMPAÑÍA PABÚPABÚ
Especie Urbana - 3 de julio
COMPAÑÍA PRODUCCIONES IMPERDIBLES
Réquiem - 13 de julio
COMPAÑÍA RAYO MALAYO
De Tijuana a Colón - 17 de julio
COMPAÑÍA LOSDEDAE – CHEVI MURADAY Sumérgete - 24 de julio

Se me había olvidado indicar las actuaciones de la calle, en la plaza del Museo Reina Sofía. Pero es que estaré en Alemania y me lo pierdo. Pero lo recomiendo.
Del 11 al 13 de julio las 20.15.
- A primera vista. Provisional Danza.
- Compañía de Juschka Weigel.
- Por el camino verde. Daniel Abreu
- No pesa el corazón de los veloces. Erre que erre.

Quien pueda ir que vaya, que es gratis, en un espacio interesante y buenas actuaciones.
Programa

domingo, 10 de junio de 2007

Recomiendo





Madrid: 14 de junio. Blanca Arrieta. Teatro Pradillo.
Málaga (Nerja): 14 de junio. D_Krama. Festival de calle Huellas.
Madrid: 17 de junio. 13 rosas. Arrieritos. Plaza de Lavapiés.
Santiago de Compostela: 22 a 26 de junio. En pe de pedra 2007.
Barcelona: 28 de junio al 8 de julio. Nats Nus. Teatre Nacional de Catalunya.
Valencia: 29 de julio. Erre que Erre. Sala de Nuevos Medios.
Bilbao: 30 de junio en Bilbao. D_Krama. Festival de calle Lekuz Leku.
Zaragoza: 30 de junio. Erre que Erre. Villanueva de Gallego.

Y mucho más...

sábado, 9 de junio de 2007

Animales en más de 180 grados




Ayer vimos
Ojos de Pez, de Daniel Abreu.
"Se denomina objetivo ojo de pez a aquellos cuyo ángulo de visión es extremadamente grande, de 180 grados o más. El objetivo ojo de pez es una forma especial de súper objetivo gran angular, cuya distorsión (a veces deliberada) se asemeja a una imagen reflejada en una esfera."

Es muy probable que Daniel Abreu, Andrea Quintana, Igor o Anuska Alonso lean esta crítica, y no por ello va a ser más positiva. Lo va a ser me lean o no. Una de las mejores piezas que he visto en mucho tiempo.
Daniel, no tuve que esperar, no necesité tener paciencia. Me atrapó la lentitud desde el principio, no me dediqué a mis pensamientos, me mantuve absorta desde que Andrea entró en escena. Saboreé los desnudos, las posiciones y el progreso creciente de la pieza.
Algo primario se nos muestra, algo de origen, de naturaleza animal. Como un Adán y una Eva, Andrea e Igor se acercan desnudos. Nos situamos en un tiempo impreciso pero primigenio. La belleza de la imagen de Igor sobre el muro, como un Atlante que sujeta un templo, iluminado su cuerpo, y una Andrea que venía del terreno de la inocencia, del juego, de la risa, que se acomoda entre sus músculos, para formar nuevas imágenes griegas. Andrea está fantástica, con su presencia, su naturalidad, su expresión...
A partir de ahí, se van turnando en paseos y movimientos animales, poco a poco y a pecho descubierto. Daniel abre nuestros ojos a sus hombros y brazos, que como siempre sorprenden. ¿Pero qué hacemos con nuestros ojos cuando sale Anuska en escena? No podemos apartarlos de ella. Alguien dijo ayer que tal vez quedaba desnivelada la pieza por la omnipresencia de Anuska, por su rotundidad y protagonismo. Y es que se come el escenario. Lo llena ella sola. La veo como una pantera, suave, elegante y fuerte. Su torso no es normal; lo desafía en movimientos que parecen no costarle. Está absolutamente increíble. Pero sigue el ascenso y, tras efectos de movimientos y gestos que se repiten, se forman dúos, tríos y cuartetos en trepidante energía sobre la arena. Andrea y Anuska se muestran fuertes y seductoras. Hay mucha seducción en la pieza, hay sensualidad y elegancia. Por eso son animales, felinos sin complejos que avanzan a cuatro patas, con el típico movimiento de Daniel, en el que las patas delanteras hacen mover el resto de la columna. Son gatos cuando Igor y Anuska restriegan sus cabezas uno sobre el otro. Sólo me faltaba ahí un ronroneo, pero tal vez estaba el mío.
La música, perfectamente adecuada a la evolución, es también natural, con agua, palabras en árabe, que junto con la iluminación (alguien dijo que escasa) crean paisaje.
Y seguimos con Anuska, porque es cierto que la queríamos dentro, queríamos que no se fuera, que siguiera moviendo su torso y su pelo.
Pero llegamos al final. Y ahí me vi atrapada del todo. No quiero caer en interpretaciones que tal vez no existan, pero agradezco que se ofrezcan esas pautas para que cada uno vea lo que quiera. Efectivamente, hemos girado para ese momento más de 180 grados, como la lente de un ojo de pez, hemos girado 360, pero la imagen ha cambiado. Por qué ha cambiado cada uno puede decidirlo, pero me gusta que se me abra la posibilidad de apreciar que, si al principio Andrea subía por el cuerpo de Igor, al final es Daniel quien la eleva. En Andrea ha cambiado algo, no asciende, no trepa, sino que es recogida y sostenida, como en una visión casi de marcha atrás.
Y vuelve a desnudarse, graciosa y pícara, provocando de nuevo la risa.
Tal vez yo disfrute más que otra gente porque me encanta ver todo lo animal que tenemos. Abreu lo potencia en el físico y en la puesta en escena. Lo natural, la naturaleza, lo originario y por tanto puro. Y lo muestra en círculo, con un cierre circular que no cerrado, porque un ojo de pez consiste en eso, en abrir todos los puntos de vista que a priori no tenemos con una visión normal.

Apuntes:
Allí estaba Ángela. Me alegré de verla y de imaginar su felicidad al ver a sus chicos tan grandes y tan bellos.
Repito que si bien a mí me pareció una pieza redonda hubo opiniones que decían que Anuska tenía demasiado protagonismo, aunque tal vez era la intención o, como yo creo, no lo puede evitar. Es muy grande. Aunque es cierto que yo le habría dado más papel a Andrea que ya nos ha demostrado antes cómo puede encarnar un animal.
Mis pegas van a La Casa Encendida. Tuve la sensación de que apagaron las luces cuando aún no habían acabado, y faltó cuidado cuando un guarda de seguridad pasó cerca de nosotros para hablar con alguien. Todo estaba en silencio y contenido pero ya había empezado la pieza.


¿Cuándo volveréis a hacerlo?
Quiero volver a verlo.

jueves, 7 de junio de 2007

Más calle

El otro día tuve que justificar mi admiración por la Werner. Llevaba una camiseta de Hildebrand. Me dio vergüenza, parecía que yo era la mayor defensora de la danza contemporánea, yendo con una camiseta suya a clase de danza, encontrándome con Abreu por la calle y reconociendo que la culpable de este blog era yo. No soy tan dada a exponer mis gustos, mis secretos. Soy más tímida de lo que parece.
El caso es que, al hilo, sigo con ese juego de ser la superfan de la danza y de la Werner. Y he preferido unirme a esa enemiga, la vergüenza, y decir, sí, qué pasa, adoro la danza contemporánea, llevo camisetas de la Werner, defiendo la danza en la calle allí donde vaya y a sus grandes creadores y para rematarlo cuelgo un vídeo de la "mismísima" que tenía guardado.
Fue en el Pasillo Verde. Provisional Danza refrescó con su coreografía Calle 4, al agua.
Para quienes no pudieron verlo, ahí va un pedacito.

lunes, 4 de junio de 2007

Me lo perdí



Este año me perdí el Maratón de Danza del Teatro de Madrid. No se puede estar en todas partes.
Sé que habría disfrutado con la coreografía que ha montado Nicolas Rambaud. Sólo con las fotos de Emilio Tenorio me hago una idea. Además, esta vez no se ha empeñado en vestirlos lo más desfavorecidos posible. ¡De negro y con gabardina!, estaban guapos, no como cuando tuvimos que vestirnos de futbolistas... Son varios los motivos por los que merecía la pena estar ahí. Pero elegí Valladolid, y elegí bien.

sábado, 2 de junio de 2007

Película

Mi mayor fan, a cuento de la actuación de Valladolid, ha hecho esta peliculita. Disfrutadla, es genial:

Todo un fracaso (de público que no de crítica)

viernes, 11 de mayo de 2007

Ojos de Pez


Tenemos una cita ineludible el 7 y 8 de junio a las 22 h. Dentro del Programa de Residencias de La Casa Encendida, podemos ver la obra de Daniel Abreu.

Además, entre los bailarines estará la gran Andrea Quintana (a la que ya pudimos ver, entre otros espectáculos, en el premiado 13 rosas) y a Anuska Alonso. Por fin podemos disfrutar como dios manda de la danza de Anuska. Verla desplazarse, con la facilidad que aparentan los buenos bailarines, en las clases de Carmen Senra era una maravilla. Nos quedábamos embobados con ella, con sus giros... Andrea es más física, más fuerte, en principio, porque ambas hacen flotar sus físicos cuerpos, como Daniel. Seguramente por ello forman parte de este proyecto junto a él. Porque Daniel Abreu es delicado y fuerte. El suelo es una almohada en el que rebota con gran cuidado y el aire es el espacio denso pero acogedor que consigue dominar sin aparente esfuerzo. Por favor, este espectáculo no podemos perdérnoslo.
Por cierto, que también podemos ver a Daniel Abreu hoy y mañana en DT Espacio Escénico, con El caracol chino.

martes, 1 de mayo de 2007

Madrid en danza (lo visto)


Queda pendiente, no puedo con tanto ensayo, trabajo...
Pero quiero hablar de Galili y de los Coreógrafos madrileños. Sólo vi eso al final.

viernes, 30 de marzo de 2007

La Noche de los Teatros




No pude ir, pero allí estuvieron Losdedae, Provisional Danza (con la curiosidad de que esté alguno de mis compañeros), Dani Panullo, etc. Ojalá se hicieran más sesiones de éstas, como la de la Noche en Blanco y pudiéramos disfrutar de ellas más a menudo sin tantas aglomeraciones.

lunes, 5 de marzo de 2007

Hugo Wolf Projekt



La compañía Hans Werner Klohe presentó Hugo Wolf Projekt en La Casa Encendida el 23, 24 y 25 de febrero.
Qué fantástico ver proyectada una danza que se acerca al tipo de danza que me gusta bailar, que me gustaría crear y por supuesto ver.
Para empezar el espacio es muy interesante. Al nivel del espectador, una gran plataforma plateada, con un piano hundido en el centro, aguarda las diversas combinaciones de la obra. La coreografía se distribuye, se reparte, por todo el espacio. Es el primer dato de los puntos de vista, porque, para mí, entre otras cosas, habla de eso; de los diferentes puntos de vista en todos los terrenos.
Un barítono, un piano, dos bailarines y combinaciones entre los cuatro. Comienzan las formaciones, los contacts entre ellos. Crean figuras estáticas, como para foto, por medio de pesos y fuerzas, a veces como si fueran elementos de una cadena de montaje. Posturas, posibilidades de combinación que pueden surgir de la improvisación, como en clase de Michelle.
Después interpreta el barítono y ellos dos bailan en sucesivos contacts y movimientos al límite; al límite las posibilidades del equilibrio, al límite el cuerpo, porque parece estar compuesto por más partes y miembros de los que ya conocemos y al límite los contactos, roces, pesos... A partir de un hombro, una mano o un pie se sucede un movimiento, se generan nuevos movimientos, siempre imprevisibles. En ocasiones esta partida del cuerpo roza la fragmentación, la desmembración hasta llegar a uno de los mejores momentos: ella se desmorona, se le destroza y desmiembra el cuerpo, como en ataques epilépticos y él con vigor tiene que sostenerla, para que no se caiga, para que no se rompa... increíble.
Después vemos tics cotidianos, repetición de movimientos, que parecen mostrar esa alienación de la que sólo nos pueden sacar las relaciones, los contactos, los abrazos.
Ella es de una gran fuerza y presencia. Gran fuerza física y escénica que se complementa perfectamente con la elegancia de Hans-Werner Klohe. Ambos fuerzan esas virtudes al máximo; parece que se hacen daño cuando hay que simularlo, parece que se miran y acarician de verdad cuando hay que sugerirlo.
Se nos habla de comunicación, o falta de, de los puntos de vista sobre las relaciones dependiendo de quién sea el protagonista en un momento dado, de la necesidad de éstas, de la necesidad de tener alguien al lado, de dejarse llevar, dejarse ayudar, escuchar y ser escuchado...
Pero sobre todo se apura el cuerpo, el espacio, incluso las formas, la música, la composición. No hay límite. Es una danza absolutamente estudiada y trabajada, pero que muestra lo ilimitado de la técnica y el cuerpo. Ambos, al servicio de lo que les pedimos, que ha de ser mucho. Pedirnos menos es conformarnos. Experimentar, ver hasta dónde podemos llegar, hasta dónde llegan nuestras capacidades... Todo esto, junto con una buena interpretación, una fuerte presencia escénica y una intención debe de ser un gran placer poder experimentarlo.

sábado, 17 de febrero de 2007

Michell Man and Friends con todos los sentidos

Porque hay piedras que guardo... es una obra colectiva. Michell Man da la cara, da el cuerpo, da la expresión, pero junto a ella hay un trabajo coral, con la iluminación, la proyección y la música como elementos que acompañan y definen una obra de gran peso.
Pero es que Michell es mucha Michell. Nuestros ojos son como una cámara de cine o fotográfica y por tanto nuestros ojos (la cámara) la quieren. Seduce al objetivo, con expresiones variadas, contenidas, muy íntimas, muy sutiles pero de gran fuerza.
Está muy hermosa, está preciosa. Su fuerte expresividad dialoga con nosotros, nos cuenta cosas sobre sí misma, sobre su pasado del que trae piedras, del que arrastra recuerdos (con las cintas de un vestido imprescindible para una obra así). Recuerdos que revive desde un presente a veces con miedos, a veces con ilusión e inocencia, pero siempre con serenidad.
Michell se mueve delicada, sutil y evocadora. Con la sensualidad y la emoción de lo calmado, de la pausa de lo bien hecho, proyecta con su danza el reflejo de la mirada hacia su interior. Se deja seducir, al mismo tiempo que seduce, por un foco que apunta a unos pies, a unas manos y a unos ojos infinitamente bellos.
Aparentemente no hay una gran complejidad técnica, aunque cuando se desata en movimientos enérgicos (fantástico el suelo en el que se sacude y remueve sobre la arena), combinados con un release y un cuerpo suelto pero sólido, demuestra la fortaleza de sus aptitudes técnicas. Hay más bien una dificultad en el tempo, un controlar y dosificar "de a poquito", con unas manos que palpan y rodean y amasan el aire, con unos pies que no sólo pisan... Un cuerpo y una expresión en definitiva serenos pero pendientes de lo sutil de una danza de sensaciones y emociones ocultas.
Y es que desde que entramos en el teatro ya estamos ante una danza de los sentidos; nos recibe un olor a incienso, después la vista se recrea en su rotunda presencia ayudada por una maravillosa iluminación, el tacto no se queda en la cercanía de sus dedos a todo el espacio y objetos que la rodean, sino que además se ve apoyado por un vídeo en el que la disfrutamos cuando acaricia la pared de un monumento. Oímos además una música de componentes cotidianos, que sugieren y apoyan el contenido íntimo. Y así todos los sentidos de los que ella nos hace partícipes, porque se recrea en ellos, la primera, para que descubramos de su mano (qué manos) la importancia de las sensaciones en la vivencia de nuestra historia, de nuestros recuerdos, impresiones y sentimientos. Así, Michell activa y baila los sentidos, activa lo íntimo, activa lo personal y, por tanto, lo universal.

domingo, 11 de febrero de 2007

Catherine Diverrès (Solides)

"Una base pedagógica en la que se explican ciertos aspectos de la danza, la historia de sus fundamentos, y conceptos como el espacio, el tiempo, el minimalismo y el expresionismo." Así explica la coreógrafa su obra.
Efectivamente, lo interesante de la pieza es la pedagogía. Disecciona las partes que ella considera fundamentales en la configuración de esta danza con el paso del tiempo. Como si estuviéramos viendo ejercicios de clase, se nos explica con movimientos, narración y la ayuda de una pizarra la danza por acumulación, la influencia de Cunningham, la danza libre, la de flujo, etc. etc. Tal vez se queda en la distancia, propia de un discurso educativo, y transmite lo justo en lo que nos reconocemos los que sabemos de la danza contemporánea. Porque gusta vernos reflejados en lo conocido, como cuando leemos un libro y nos reconocemos. Pero hay distancia, no hay un salto de lo puramente educativo a la transmisión de algo más allá. En una clase somos conscientes de la importancia de los ejercicios unas veces más "duros" otras más relajados, por ejemplo, pero también en una clase podemos sentir a pesar lo mecánico del ejercicio. Y eso es lo que me faltó. Eso y algunos nombres que buscaba en la maraña de nombres que los bailarines apuntaban en la pizarra.
Un espectáculo necesario y muy digno, con unos bailarines que se clavan en al suelo, pero que me deja un gusto frío. La frialdad de lo que pudo dar más de sí.

miércoles, 17 de enero de 2007

Pina Bausch

Este blog ha llegado tarde para tantas actuaciones como he visto durante años. Sin embargo, todavía me acuerdo de las que me llamaron la atención o de las que hay algo que decir. Nefés se presentó en el Teatro de la Zarzuela, en el Festival de Otoño, 2006.
Su compañía, Tanztheater Wuppertal , nos trajo una obra desconcertante para mi gusto.
Alguna vez la Bausch dijo:
"No me interesa cómo se mueve el ser humano, sino aquello que lo conmueve". Y efectivamente sus obras conmueven y remueven, también. Nefés tal vez pierde ese carácter agitador porque se alarga demasiado y su estructura coreográfica se repite en solos y dúos que se turnan de manera insistente. Pero conmueve de todas formas. Sus movimientos siguen siendo delicados y muy limpios. Sorprende la gran preparación de unos bailarines que flotan más que bailan y de otro personaje, que también se expresa: el cabello de las mujeres; un elemento recurrente en Pina. Decora toda esta técnica un cúmulo de imágenes, casi fotográficas, de viñetas (muy estéticas), sensaciones, momentos cotidianos, etc. de la vida en Estambul, de las relaciones de poder en las parejas turcas. Pero junto a la crítica al filo más machista está también la alegría, la sensualidad y la inocencia del flirteo o del amor. Llaman la atención los efectos especiales simples, que transforman un pequeño objeto en un todo representado, en un ambiente, como el hammam. Y sobre todo un charco que se va formando en el escenario poco a poco, que va creciendo y que mantiene alerta al espectador, aunque después no se aproveche demasiado. Pero es que me faltó ese poder de conmoción. Maestra en los efectos trágicos, conmovedores y densos, me cuesta adaptarme al polo más positivo, porque se maneja tan bien en la oscuridad...
Ya la vimos en Hable con ella de Pedro Almodóvar y no me canso de verla, cuando con 53 años interpretaba de esta manera
Cafe Müller. No he vuelto a ver unos brazos como los de Pina.

martes, 16 de enero de 2007

Danza en la calle






Revisando mis fotos y vídeos recuerdo que este verano asistí a un espectáculo que ojalá viéramos más a menudo. En el Pasillo Verde, en Madrid, se formó un pequeño corro de gente. A cada actuación había que cambiar de sitio. Daba comienzo un nuevo espectáculo y corríamos para pillar la mejor posición. El escenario, los adoquines; las gradas, el suelo, los focos, el calor del verano y los intérpretes y espectadores, más cerca que nunca. Produce un gran placer escuchar la respiración de los bailarines, oír su contacto con el suelo..., y sé que a ellos también les satisface enormemente bailar con un público a metro y medio de distancia.Martin Inthamoussú tiraba manzanas en su Protect me; Daniel Abreu, con su Cuerpo a tierra, crítica de los excesos urbanísticos, volvió a sorprender con unos movimientos casi animales, Nicolas Rambaud daba rienda suelta a sus acrobacias y gestos, en Fragmento de un discurso amoroso; la elástica y sugerente Mónica García, en Bungaló, quería aprovechar la vida; y Provisional Danza ofrecía gran estética bajo el agua, en Calle 4, una enérgica coreografía de grupo.
Era gratis, era en la calle, eran buenos bailarines. Pero éramos pocos. No sé si faltó promoción, publicidad o, como en muchas otras ocasiones, faltó que la gente se dejara llevar, se dejara seducir por lo que en principio no irían a ver ni aunque los obligaran. Nos faltan más danzacalles, nos falta acercar la danza a quien no la conoce, pero también falta en esto, como en muchas otras cosas, que la gente abra los ojos, los de la mente, y se deje llevar por lo que transmite un arte como éste.